“Tejer” e “integrar” son verbos distintos

Martínez-Harms dijo que su equipo evita «integrar» el conocimiento indígena y local, porque integrar sugiere que un sistema absorbe al otro. Usan «tejer»: dos saberes que siguen a la vista y se informan entre sí. El conocimiento indígena puede orientar un plan territorial, dijo, y la ciencia occidental también.

Nombró además una historia que los planificadores tienen que mirar de frente. En muchos lugares la conservación excluyó a las comunidades que vivían en la tierra, y esas personas perdieron el acceso a sus sitios sagrados y ancestrales. Su conclusión: las personas también somos naturaleza, y los usos tradicionales, que suelen tener menor impacto, han dado buenos resultados para la biodiversidad y para la calidad de vida.

Wisdom Dlamini, autor principal de la Universidad de Esuatini, dio la versión práctica. A una comunidad se llega en terreno parejo. «No se llega como experto, como gobierno, a decir "queremos saber qué quieren"». Quien ha vivido generaciones en un lugar conoce su ecología, su economía y su vida social, y la investigación extractiva se queda corta. En su país mucha gente todavía depende del bosque para comer y para tener leña, así que cualquier plan empieza por entender cómo vive esa gente.

Lo que 80 científicos aprendieron en Monteverde sobre tejer saberes

A finales de agosto, cerca de 80 personas expertas de más de 30 países pasaron seis días en el Instituto Monteverde. Son las autoras de la evaluación de la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) sobre planificación territorial inclusiva con la biodiversidad y conectividad ecológica. Entrevistamos a nueve de ellas. Tres ideas se repitieron, y ninguna es solo para científicos.

Ordenar el territorio decide dónde cabe la naturaleza

La planificación territorial define dónde van las calles, los pueblos, las fincas, los proyectos de energía y las reservas. Luis Inostroza, uno de los tres copresidentes de la evaluación, explicó que organiza las actividades humanas en el espacio y dirige cómo se desarrollan los territorios. Hoy eso ocurre con pocas consideraciones sobre lo que la biodiversidad necesita, «no solo para no ser destruida, sino para ser mantenida e, incluso, mejorada».

María José Martínez-Harms, otra copresidenta, contó cómo suele resolverse la disputa. Cuando conservación y desarrollo compiten, la biodiversidad queda al final de las prioridades. Ella sostiene que incluir la naturaleza en el plan sale más barato a largo plazo, porque bosques y ríos también trabajan: guardan agua y ayudan a las comunidades a adaptarse al clima.

La conectividad es la otra mitad de la pregunta. Luthando Dziba, secretario ejecutivo de IPBES, explicó que los corredores entre áreas protegidas permiten que la fauna se mueva, y que ese movimiento pesa más cuando el clima cambia. Un animal que no llega a su alimento ni a su sitio de cría no se adapta. El corredor es el espacio que el plan deja abierto.

Ordenar el territorio decide dónde cabe la naturaleza

La planificación territorial define dónde van las calles, los pueblos, las fincas, los proyectos de energía y las reservas. Luis Inostroza, uno de los tres copresidentes de la evaluación, explicó que organiza las actividades humanas en el espacio y dirige cómo se desarrollan los territorios. Hoy eso ocurre con pocas consideraciones sobre lo que la biodiversidad necesita, «no solo para no ser destruida, sino para ser mantenida e, incluso, mejorada».

María José Martínez-Harms, otra copresidenta, contó cómo suele resolverse la disputa. Cuando conservación y desarrollo compiten, la biodiversidad queda al final de las prioridades. Ella sostiene que incluir la naturaleza en el plan sale más barato a largo plazo, porque bosques y ríos también trabajan: guardan agua y ayudan a las comunidades a adaptarse al clima.

La conectividad es la otra mitad de la pregunta. Luthando Dziba, secretario ejecutivo de IPBES, explicó que los corredores entre áreas protegidas permiten que la fauna se mueva, y que ese movimiento pesa más cuando el clima cambia. Un animal que no llega a su alimento ni a su sitio de cría no se adapta. El corredor es el espacio que el plan deja abierto.

Las decisiones pequeñas se suman en un paisaje

Dziba tomó un ejemplo del lugar donde estaba. Conservacionistas locales contaron a los autores visitantes cómo creció el paisaje protegido de Monteverde: una compra, una restauración, una decisión a la vez. «Las acciones pequeñas se suman como las ondas en el agua», dijo, «hasta causar un gran cambio a nivel nacional, regional y global».

Dlamini agregó lo que vio en una caminata: bosque protegido a pocos pasos de las casas. En su país hay que manejar hasta una reserva remota. Quiere que las comunidades de allá conserven en el mismo espacio donde viven.

Por qué importa una reunión así

Los autores de IPBES trabajan sin cobrar por esto. Sus instituciones les pagan el salario, y ellos dedican su tiempo a un informe que los gobiernos van a negociar y aprobar. Entre junio y agosto el borrador recibió cerca de 5 000 comentarios de revisión. La reunión en Monteverde sirvió para trabajarlos y para redactar el Resumen para los Encargados de la Formulación de Políticas.

Para el mundo, el resultado es evidencia que planificadores y ministerios pueden usar. Para una comunidad como Monteverde, es un asiento en una conversación que normalmente ocurre lejos del territorio y en otro idioma. Para la misión de una institución como la nuestra, es la misma misión a otra escala: educación, investigación, conservación e iniciativas comunitarias como una sola práctica.

Martínez-Harms dijo que la esperanza es que la evaluación no termine como «otro libro más en la biblioteca». Eso depende de quién la lea y también de los lugares donde sus autores aprendieron.

Por qué el Instituto Monteverde fue sede

Inostroza propuso hacer la segunda reunión de autores en Costa Rica durante un almuerzo con un colega en Austria, en 2025. El Instituto tomó la propuesta desde ahí y el grupo llegó en agosto.

Recibir a 80 personas durante seis días exige más que habitaciones. El Instituto aportó salas de trabajo, alimentación, logística y tiempo de campo en el bosque, y lleva décadas haciendo ese trabajo con grupos universitarios, investigadores y programas comunitarios. Los autores lo notaron. Inostroza dijo que la semana convirtió una tarea abstracta en algo concreto y vivencial: si uno le pregunta a cualquiera qué disfrutó, saca el teléfono y le muestra las fotos de la biodiversidad que vio. Martínez-Harms dijo que trabajar en persona, inmersos en la naturaleza, es muy distinto de hacerlo en línea, y que Monteverde vuelve tangibles las preguntas de la evaluación, porque ahí pudieron vivir la biodiversidad y la conectividad directamente.

Dziba explicó que IPBES busca lugares que inspiren para que los autores vivan el trabajo como una experiencia memorable. Agradeció al equipo del Instituto, a la cocina y a la logística, y Inostroza cerró su entrevista igual: gracias por haber sido un hogar para el grupo esa semana.

Tomamos eso como una descripción de lo que debe ser un anfitrión, y queremos seguir siéndolo: con científicos, con estudiantes y, siempre, con los vecinos del corredor.

Qué podés hacer vos

No hace falta escribir un informe para entrar en esta conversación. Pensá en un lugar que conocés bien: un río, una finca, un camino. Preguntale a alguien que lleva más años ahí qué cambios ha visto. Después preguntale qué debería proteger el plan de ese lugar dentro de 50 años.

Si querés oír las entrevistas con la voz de quienes las dieron, los clips están en Dicho en Monteverde - YouTube

the IPBES team by the end of the Spatial Planning and Connectivity assessment meeting


  
  



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IPBES in Monteverde: weaving knowledge, planning space